Las palabras bonitas

“No hay espejo que mejor refleje la imagen de un hombre que sus palabras”.
Juan Luis Vives

Todos estaban ilusionados. Llevaban días preparando ese trabajo. Cada uno iba a contar a sus compañeros qué quería ser de mayor. Para ello, habían preparado una exposición en la que, mediante imágenes y dibujos, contarían porqué elegían esa profesión, cómo podrían llegar a serlo, qué tipo de funciones tendrían que desempeñar…

Esperaban pacientemente su turno, mientras escuchaban al que hablaba. La profesora estaba orgullosa; podía ver como esos niños eran capaces de hablar en público a pesar de  los nervios que traían. Y no sólo eso, sino que estaban expresando sus sueños y sus ilusiones.

La profesora se percató de que uno de los niños que acababa de exponer estaba en su mesa llorando. Se trataba de uno de los niños más maduros de la clase, de los más resolutivos y autónomos. La profesora se acercó y le preguntó que qué le ocurría. El niño, levantando la cabeza, contestó que un compañero le había dicho “vaya trabajo más tonto“. El niño no paraba de llorar. Salió fuera de clase con la profesora hasta que se relajó y tuvo la certeza de que lo que había contado a los demás era maravilloso.

Aprovechando ese momento la profesora hizo ver a los niños lo mucho que pueden llegar a doler las palabras, muchas veces más que un golpe, o un empujón. Además, esas “palabras feas”, tardan mucho en borrarse.

Según algunos estudios, se ha demostrado que son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto. Si esto es cierto, muchas veces no tendríamos tiempo suficiente para borrar esas palabras feas que a diario se nos escapan. No me refiero a insultos solo, me refiero a quejas, a críticas… que inconscientemente llenan las conversaciones.

En el caso de los niños, es común escuchar de su boca lo que hacen mal sus compañeros, lo que no hacen, lo que hacen de otra forma…Intentan de esta manera ensalzar su propio comportamiento queriendo decir a los mayores “ves, yo lo hago bien, él o ella no”.  Es ahí cuando tenemos un papel fundamental, cuando tenemos que enseñarles que lo que cada uno haga no estará ni mejor ni peor en función de lo de los demás, simplemente será suyo.

Hace tiempo alguien me dijo que el lenguaje, el uso que hace una persona de él, dice más de esa persona que cualquier otra cosa. Es cierto que nuestro lenguaje, el vocabulario que usamos, el tono… transmite no solo algo de nosotros, sino que  además deja un poso en el que lo recibe. En el que caso de los niños es vital que ese poso sea de palabras bonitas. No me refiero por supuesto decirles a todo lo que piden que si, o decirles a todo “muy bien” o a no contradecirles. Me refiero a decirles que no cuando corresponda, a enseñarles que se esfuercen, a discutir distintos puntos de vista. Todo con palabras bonitas.

Si les hablamos de esa manera, ellos seguro lo aplican también con sus iguales.

Os dejo una serie de frases que buscan precisamente eso, fomentar lo positivo sobre la crítica:   Palabras bonitas

Por otra parte, en mi clase desde esta semana vamos a tener el “Bote de las Palabras Bonitas”. En él, cada niño meterá cinco palabras bonitas dedicadas por cada una fea que diga de un compañero.  Pronto os lo enseñaré en Instagram @elefantedeojosdulces

“Cuando puedas elegir entre tener razón o ser amable, elige ser amable”
La lección de August.

 

 

 

 

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