DEJAR ATRÁS PARA ILUSIONARTE

2016, a ti te digo que te lleves las penas, las envidias. Que te lleves el miedo a intentarlo, que recojas celos, fracasos no asumidos, indecisiones y rencores. Que ya has pasado. Que de ti hemos  disfrutado, aprendido y asumido. Que nos has hecho reír, llorar, agotarnos y volver a empezar. Que te has llevado a alguien para quedártelo.

Que nos has enseñado, como todos tus hermanos, que el tiempo pasa y no vuelve y por eso nos traes a 2017 para que lo intentemos una vez más. Para intentar aquello con lo que no hemos podido; para lograr aquello que nos espera; para alcanzar sueños, metas y deseos. Para querer más bonito y bien. Para decirlo ALTO. Para disfrutar, para llorar y dejarlo pasar. Para no enredarnos en lo que no suma. Para vivirte. En calma. Para sentirte pasar. Para quedarnos con lo bueno. Para creer que puedo, creer que podemos. Para repetirnos que solo vienes una vez y no vas a volver. Para que nuestro mantra sea SOLO LO QUE SUMA  en cada uno de tus días.

OS DESEO FELICES FIESTAS Y UN MONTÓN DE SUEÑOS E ILUSIONES PARA EL AÑO NUEVO QUE NOS ESPERA.

Miriam.

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Raíces y alas

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

María Teresa de Calculta

Un  niño se tropezó. Antes de caer, su padre le cogió. Una niña lloraba, había perdido su muñeca favorita. Su madre corrió a comprar otra igual. Un niño perdió la hoja que le dio su profesora para hacer un trabajo. Su madre se encargó de conseguir otra. Una niña no escuchó en clase cuándo era la excursión. Pero no importó, su madre al llegar a casa se lo dijo. Un niño dejó de escuchar y de escribir en la agenda las cosas importantes. Sus padres las sabían todas…

Quizás exagero. O quizás no. Lo que no deja de ser cierto es que de forma inconsciente creemos que los más pequeños son incapaces. Creemos que sin nosotros al lado en cada momento se van a perder. No lo van a lograr. Se van a caer. Ellos, acostumbrados, no sienten seguridad en sí mismos y se acomodan en ese papel. Dejan de intentarlo, dejan de lado las responsabilidades que les corresponden por edad, ya serán asumidas por los adultos.

Hace poco vi como una madre acudía a la directora de un colegio a quejarse por un “incidente” ocurrido con su hija de 5 años y la profesora de esta. Lo sucedido era que la niña salía todos los días con la taza que debía estar en clase para beber agua, y la profesora no había revisado la mochila para sacársela. Poco que decir. ¿Realmente creemos que nuestros niños no son capaces por sí solos de hacer esto? Si como mínimo no les responsabilizamos de algo así, que por edad perfectamente es asumible  ¿de qué se podrán responsabilizar cuándo sean más mayores? ¿Serán capaces de buscar soluciones sin tener cerca a sus padres?

Pueden ser ejemplos que a simple vista no parecen trascendentes en la vida de un niño. Sin embargo, creo que si lo son. Forma parte de la educación enseñar a asumir consecuencias. No es necesario  ser un profesional del ámbito pedagógico para saber de qué pueden responsabilizarse. Cada niño es un mundo, lo importante es que cada uno, dentro de sus capacidades, pueda asumirlas. Esto no les priva de libertad, no les priva del juego. Les enseña a ser niños capaces, resolutivos. Les enseña a aprender por sí mismos. Les ayuda  a CONFIAR en sí mismos. Se fomenta así una AUTOESTIMA positiva.

Quizás creemos que con este modelo de enseñanza los padres y maestros no intervienen en la educación de los niños. Se trata de todo lo contrario. Es más difícil, porque hay que reflexionar más. Tenemos que, muchas veces, reprimir ese gesto que sale de forma instintiva para ayudarles inmediatamente. Y en lugar de eso, convertirnos en guías, en mediadores. En aquellos referentes a los que esos niños, que serán jóvenes y adultos algún día, tendrán la confianza para acudir a nosotros buscando opinión, quizás consejo, pero no buscando la solución. Esa que sabrán encontrar por sí solos. Y que, si no encuentran o se equivocan al elegir, no importará; habrán adquirido tolerancia a la frustración. Habrán conseguido ser personas maduras emocionalmente.

Tengo muchos propósitos para el próximo año, como por ejemplo conseguir educar a niños felices, sabiendo que llorarán alguna vez. Exigir que mejoren, sabiendo que se desesperarán. Enseñarles a resolver conflictos, sabiendo que se perderán; Enseñarles a perder el miedo al error, sabiendo que se frustraran. Todo con un objetivo común: enseñarles que PUEDEN.

Para despedirme, os invito a que veáis este vídeo de Nuria Pérez que explica mucho mejor lo que quiero transmitir.

Si quieres verlo pincha en el siguiente enlace:
Cuando llegó el tsunami.

Hasta pronto.

Raíces y alas, raíces y alas, raíces y alas…

Aprendiendo a convivir

No había dormido. Era media mañana y acaba de llegar al que sería su colegio. Aquella vez había tenido suerte, la había tocado cerca de casa. Aún así, los nervios eran los de siempre. La incertidumbre de no saber en qué lugar iba a trabajar durante ese curso la estaban matando. Ya pronto, esa intranquilidad la abandonaría, al menos, durante unos meses.

Quien lea esto reconocerá en esas líneas a tantos profesores interinos que viven cada año esa experiencia. Con  mucha suerte, una sola vez por curso.

El año pasado, tras haber vivido yo también esa situación, llegué al colegio que había “elegido”. Nada más aterrizar, entre toda la información que recibí, hubo una en concreto que no se me iba de la cabeza durante los primeros días: “Tienes un grupo que está muy desmotivado. Haz lo posible por motivarlos”.

Eran muchas las ideas, pero ninguna terminaba de convencerme.Decidí no precipitarme y antes de estructurar alguna de ellas, quería conocer bien a los que serían “mis niños”. Pronto detecté uno de los aspectos más tóxicos del grupo,  suele estar presente en las aulas, aunque no con tanto carácter. Era el hecho de que  estaban muy pendientes los unos de los otros, de forma acusadora, y rápidamente señalaban los errores de los demás buscando un castigo ejemplificador.

A partir de ahí  fui tejiendo el que sería mi plan de acción. En primer lugar, quise crear un contrato de convivencia. El contrato de aula, como lo llamaríamos, estaría formado por una serie de normas establecidas entre todos los alumnos. El día que lo pusimos en marcha, empezamos a hacer una lluvia de ideas de cuáles serían esas normas, pronto iríamos unificando muchas de ellas y por último, yo las redacté en lenguaje positivo, todas las que habían dicho ellos empezaban por la palabra NO, cosa que a mí no me gustaba nada.

Después, todos estuvimos de acuerdo en que si tanto las normas eran cumplidas como si se incumplían, deberían tener una serie de consecuencias.Estas consecuencias también las establecieron ellos. Por ejemplo, si se cumplían como consecuencia podrían tener un diploma, un vale para no hacer los deberes un día… y si se incumplían, las consecuencias podrían ser las de rellenar una ficha de reflexión sobre el propio comportamiento.

Redacté esas normas en forma de contrato. Cada uno se llevó a casa  su copia para que sus familias la vieran. Era un contrato  firmado por ellos y por mí.

Para poder comprobar el cumplimiento del contrato, pusimos en clase una tabla de comportamiento en la que se relacionaba todas las normas de aula con cada alumno, así podríamos señalar en cualquier momento el incumplimiento de alguna de ellas. Ahora lo pienso, y creo que le daría la vuelta, señalaría a quien cumpliera las normas. Al cabo de quince días, se hacía recuento y se establecían las consecuencias.

Os adjunto el contrato de aula, la ficha de reflexión y la tabla de comportamiento:

Por último necesitaba dotar a todos los niños de una responsabilidad, quería que cada uno estuviera implicado con el grupo. Por eso organicé la clase por roles. Los roles eran rotativos, también cada quince días. Había algunos que sólo lo tenía un único alumno (por ejemplo el policía o el abogado), otros estaban repartidos entre varios (responsable del silencio, orden…), de tal forma que todos tenían siempre alguna responsabilidad.

El más representativo fue el abogado. Fue una figura clave para permitir el avance como grupo. El abogado recibía quejas de sus compañeros, e intentaba mediar, proponer soluciones. Las estrategias que daba a los que tuvieron ese rol eran básicamente que intentarán siempre escuchar a las dos partes afectadas; pedirles a cada una de ellas cuál sería la mejor solución para el conflicto en cuestión y ponerlo en marcha. En ocasiones una de las partes no quería solucionarlo. Entonces le concedíamos un tiempo determinado, para que se calmara y lo reflexionara. Siempre funcionaba, y terminaba acudiendo a solucionar el conflicto cuando ya estaba más tranquilo o tranquila. Este aspecto en concreto fue todo un éxito, y los chicos cada vez eran más autónomos para encontrar soluciones. El hecho de que la convivencia en el aula era cada vez mejor, también ayudo mucho, pues había muchos menos conflictos. Aquí os dejo un enlace para que veáis cuáles eran los roles que teníamos en clase:

Con esto la clase empezó a tener un buen clima de trabajo. Lógicamente no quedó en eso. Esto permitió una buena base para trabajar dos proyectos. Uno era el de la Autoestima, y otro el de la Empatía. Que pronto espero poder compartir con vosotros.

Todas estas actividades son adaptaciones mías de ideas originales que suelo encontrar en libros, blogs… En concreto estas las encontré en el libro “Aulas muy creativas” de Michelle Scavo y en “La nueva educación” de César Bona.

Espero que en algún momento os sirvan como lo hicieron conmigo.

Las personas se olvidan de lo que dices,
también se olvidan de lo que haces,
pero nunca se olvidan de cómo las haces sentirse.
Maya Angelou.

Regala emociones

“Si no te gusta leer es porque aún no has encontrado el libro adecuado”

J.K.Rowling

No puedo estar más de acuerdo con esta cita. Todos tenemos un libro, aquel primer libro que nos marca y que nunca olvidamos. A este le seguirán muchos otros. Pero estoy segura que la mayoría tiene guardado para siempre a su “preferido”.

Hoy os quiero recomendar algunos libros para tener en cuenta de cara a las próximas fiestas y así, os podáis convertir en el mensajero que regaló a un niño el libro que le marcó para siempre. 

Hoy día hay miles de libros preciosos, con ilustraciones maravillosas. No es fácil elegir. Por eso he decidido seleccionar solo aquellos que están relacionados con las emociones. Espero que entre ellos alguno os elija:

  1. Emocionario. Di lo que sientes:

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Quiero empezar con este libro porque creo que ha sido unos de los primeros en abrir un estilo, convirtiéndose en un referente de los libros que tratan las emociones. En el encontraréis 42 emociones que se van enlazando unas con otras. Para edades tempranas (3-6 años aproximadamente) es aconsejable hablar de cada emoción a través de las imágenes. Para niños mayores es un excelente diccionario que les ayudará a identificar cada emoción. Además, su editorial comparte  una variedad muy amplia de recursos con el fin de que podamos profundizar el contenido del libro. Aquí os dejo el enlace: El emocionario. En mi clase y en mi casa siempre esta presente.

2. Así es mi corazón:

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Este libro es ideal para edades comprendidas entre 4 y 7 años (siempre aproximadamente, porque depende mucho del niño o niña). En él una niña nos abre su corazón para enseñarnos todas sus habitaciones. Para cada emoción utiliza comparaciones muy apropiadas para que los niños las comprendan y sean capaces de identificarse con cada una de ellas. Además cada página de este libro tiene un corazón troquelado que permite un efecto visual muy interesante y que a los niños les encanta.

3. El emocionómetro del inspector Drilo:

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Está en la línea del Emocionario, pero impregna  un nuevo estilo. En él no sólo encontraréis la definición de cada emoción. Como marco de entrada tenemos la historia de un cocodrilo que se convierte en investigador de emociones. Para ello analiza qué hizo cambiar el comportamiento de los personajes del cuento y las reacciones que tienen en cada caso, para así llegar a una conclusión. Es una manera muy divertida de ayudar a los niños a identificar qué situaciones les producen ciertas emociones y qué efectos producen en su cuerpo. Desde mi opinión creo que es el principio para enseñarles a gestionar las emociones. Con un grupo de personajes muy entrañable, con 10 emociones habitualmente presentes en los más pequeños y unas ilustraciones muy trabajadas. Este libro os enganchará.

4. Las palabras dulces

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Este libro ya lo he compartido alguna vez en instagram. Recurrimos a él a menudo. Es uno de los que más gusta a mi hija. Quizás sea una señal. La ratita Lola se levanta una mañana con muchas ganas de decirles a sus padres palabras dulces. Sin embargo, las prisas de cada día impiden que la presten atención. Después, en el transcurso de la jornada, cada situación vuelve a impedirla sacar de su boca esas palabras dulces. La frustración de no poder compartirlas hacen que Lola vaya cambiando su humor, y llega a casa triste y enfadada. No os desvelo el final. Este libro es una invitación a los padres para que paren y escuchen a sus hijos, tienen cosas tan importantes que decir como las de Lola.

5. Sentimientos

sentimientos

En este encontraréis de nuevo la exploración del mundo de las emociones. En este caso hacen uso de un texto sencillo acompañado de ilustraciones preciosas que además, al ser un albúm troquelado, no deja indiferente a ningún niño. Encontraréis emociones como la vergüenza, los celos, el entusiasmo... En este caso lo recomiendo para niños pequeños, a partir de 3 años más o menos. A través de las ilustraciones se les puede transmitir y ayudar a identificar sus sentimientos.

6. Todos sois mis favoritos

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Kokinos siempre tiene cosas preciosas, y si además están los autores de Adivina cuánto te quiero, os podéis esperar mucho de este cuento. Debido al argumento, esta especialmente recomendado para niños que acaban de tener algún hermanito. Os imaginareis ya que la emoción que trata es la de los celos. La  dulzura y la calma de las ilustraciones no os dejan indiferentes. Recomendable a partir de 4 y más allá.

7. ¿Cómo te sientes hoy?

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Cuando descubrí este libro  me pareció el más práctico de todos. Nada más empezarlo te pregunta ¿cómo te sientes hoy? y si tu respuesta es feliz, te manda a una página, si es triste, te manda a otra… y así con cada una de las emociones. Cuando abres la página de la emoción que sientes, te encuentras con un montón de consejos prácticos para saber gestionar esa emoción. Me parece muy práctico y divertido. Las ilustraciones también acompañan. Este requiere de mayor autonomía por lo que lo recomendaría a partir de 5 años y más allá.

8. Diario de la gratitud

Recurro una vez más a esta editorial Palabras Aladas. No se trata de un cuento ni de un libro, pero si puede convertirse en uno. Consiste en un diario en el que cada niño (o incluso tú), puede escribir cada día cómo se siente y reflexionar sobre tres cosas por las que quiere dar las gracias. Me parece muy interesante por dos aspectos: la primera porque de alguna manera “obliga” a pararnos y pensar sobre cómo estamos, cómo nos sentimos, conseguir eso ya es un logro; pero es que además ejercitando el agradecimiento conseguiremos focalizar nuestro pensamiento en lo positivo, gestionando de manera más resolutiva las cuestiones negativas, los conflictos. Dado que tiene estas características, yo lo trabajaría a partir de 4º curso de Primaria y más allá.

Y hasta aquí. Espero que alguna de estas propuestas os sirva de idea para regalar, porque, por favor, que no le falte a ningún niño un libro de regalo.