Háblame que te escucho

 

NO ENSEÑES NADA, YA QUE AÚN TIENES QUE APRENDERLO TODO. Fernando Pessoa.

Los primeros días de clase, con un grupo nuevo de alumnos a los que no conozco de nada, tengo que hacer un esfuerzo para evitar prejuicios, evitar poner esas etiquetas que odio, evito escuchar a otros compañeros que, con buenas intenciones, me quieren llenar de información sobre esas personas que estoy empezando a conocer. Esto requiere un ejercicio consciente, no es fácil, pero si posible. Lo único que tengo que hacer es observar y escuchar. Abriendo mucho los ojos y los oídos, más que la boca, simplemente así recabo mucha información de esos niños y solo a partir de ellos, los que poco a poco se irán mostrando tal cual son. ¿Cómo? Muy fácil pongo en marcha eso que nuestro maravilloso curriculum, y nótese por favor aquí la ironía, llama expresión oral y escrita. Hablamos TODOS LOS DÍAS, y digo hablamos porque ellos, esas personitas que están ahí sentadas tienen mucho que decir, así que no se trata de un soliloquio.

De esta manera acabo conociendo que a uno de ellos le encanta tocar la guitarra, y soy testigo de cómo se le ilumina la cara al compartirlo en clase; también descubro que una niña ha creado un taller de lectura en su casa; también que otro siente un poco de celos de su hermano pequeño; otro que ha estado todo el fin de semana jugando a la play station; otra que esta pasando por un momento difícil pues acaba de perder a su abuela… infinidad de historias, unas más cotidianas que otras, alguna de las cuales posiblemente llegaría a conocer por otras vías (tutoría, compañeros…) sin embargo no con el matiz emocional que cada niño impregna en su testimonio.

Y algunos dirán, pero así no aprenden NADA. Y yo digo que así es como empiezan a descubrirlo TODO. Y ahora os explico por qué.

Hace algún tiempo, una chica de unos 18 años, esas que creen que se van a comer el mundo, esas que creen saberlo todo, esas que no escuchan a sus mayores porque todo lo que dicen son tonterías, estaba preparada para su primera entrevista de trabajo. Llevaba tiempo en busca de un empleo, quería compaginarlo con sus estudios, su objetivo era disponer de dinero para comprarse todo aquello que se le antojara. En la sala de espera había otra muchacha, tendría más o menos su edad, sin embargo a nuestra amiga no le gustó su aspecto. Vestía según su opinión demasiado formal, la veía poco resuelta. Qué fácil lo iba a tener. El trabajo sería suyo. Primero llamaron a esa otra pobre chica que no iba a conseguir el puesto. Tras unos 20 minutos se abrió la puerta, el entrevistador estrecho la mano de la muchacha y con un saludo se despidió de ella. Miró hacia nuestra amiga y le hizo pasar. Ella se sentó y esperó.

– Buenas tardes señorita, cuénteme por qué nos ha enviado su curriculum.

– Pues porque quiero trabajar.

– Pero, ¿le interesa este sector en concreto por algún motivo?

– eh.. no, bueno sí claro un poco.

– Bien veamos, por lo que veo estudia, ¿por qué elegió esa formación?

– Eh pues porque me gusta y porque iba una amiga mía también, y bueno eso…

Podría continuar con la historia, aunque creo que no es necesario. Podría escribir sobre cómo terminó la entrevista y quién consiguió el trabajo, sin embargo, no es eso lo que importa. Lo que importa es que esa muchacha que creía comerse el mundo estaba empezando a saber lo que es realmente vivir siendo adulta; estaba descubriendo una serie de sensaciones y experiencias que nunca antes había vivido. Aunque eso no es lo extraordinario, pues todos en algún momento nos hemos tenido que enfrentar a situaciones como esta. Lo que importa es que esta chica no estaba preparada para una situación como esa, y podemos intuir que tampoco para muchas otras. A esa chica nadie la había preparado para ello. Nadie le había contado lo importante que es expresarse correctamente en una entrevista de trabajo; nadie le había explicado que en una entrevista “gana” el que sepa “venderse” mejor; nadie le había confesado que no hay que juzgar a los demás; nadie le había enseñado NADA de la VIDA

Esa muchacha estaba descubriendo todas esas cosas, y estoy segura de que saldría de ellas mejor que peor, pero seguro que más tarde que temprano. Sin embargo, estoy más segura de que las hubiera sabido gestionar con éxito si la hubiesen preparado para ello. Como los deportistas utilizan la visualización para mejorar su rendimiento, nosotros como maestros/ padres podemos transmitir a nuestros alumnos/hijos situaciones cotidianas con las que tendrán que lidiar, entrenando MUCHO las principales habilidades que tiene un ser humano: ESCUCHAR, HABLAR, ESCRIBIR y LEER.

Si quieres saber más sobre este tema, no te pierdas mi próxima entrada.

Elefante de ojos dulces.
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